Dejar libres los pasos para que el salón se sienta tranquilo

Ilustración de un paisaje

Hay salones que están llenos de cosas bonitas y, sin embargo, resultan agobiantes. Muchas veces la razón no es la cantidad de muebles, sino que no queda un camino claro para moverse entre ellos. Cuando hay que esquivar una mesa, saltar un cable o rodear una silla, el cuerpo se pone alerta sin que lo notemos. Dejar libres los pasos es una forma sencilla de conseguir calma sin gastar nada.

Recorre la habitación como si fuera la primera vez

Empieza entrando en el salón y caminando por él como lo haces cada día: de la puerta al sofá, del sofá a la ventana, de la ventana a la cocina. Observa dónde te detienes, dónde giras el cuerpo y dónde tropiezas. Esos puntos marcan los problemas. Quizá un aparador saliente, un pufe en medio o una planta demasiado grande te obligan a dar un rodeo.

Después, aparta lo que estorba. Mueve un mueble unos pasos, pega una silla a la pared o lleva una mesita auxiliar a otra habitación. Los caminos principales deben tener espacio suficiente para que dos personas puedan cruzarse sin rozarse. Ten especial cuidado con las entradas y con las zonas cercanas a las puertas, que son las que más se usan.

Cables, alfombras y pequeños obstáculos

Los cables sueltos son un obstáculo silencioso. Recógelos y colócalos pegados a la pared o detrás de los muebles. Si tienes alfombras pequeñas que se levantan por los bordes, retíralas o asegúrate de que estén bien planas, porque una esquina levantada es una invitación a tropezar.

Deja también un poco de aire alrededor de los muebles grandes. Un sofá pegado a la pared no siempre es lo mejor, pero un sofá separado unos pasos y con un camino detrás puede crear un espacio muy agradable. Lo importante es que la vista y los pies encuentren siempre un recorrido claro.

Una casa que fluye

Cuando los caminos están despejados, el salón parece más grande, aunque sigue siendo el mismo. Te sientas mejor, los invitados se mueven con más soltura y limpiar resulta más fácil. Prueba durante unos días y verás si tu cuerpo agradece el cambio.

No hace falta vaciar la habitación. Basta con que cada mueble tenga su sitio y que entre ellos quede un pasillo claro.